Volume XI, Number 1, Spring 2015


"Nuevas tendencias transculturativas en la santería afrocubana" por Mária Dornbach

Mária Dornbach es etnóloga, traductora literaria y profesora agregada en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Szeged, Hungría. Es doctora universitaria (PhD) y candidata académica en ciencias etnológicas (CSc). Desde 1977 publica traducciones  y ensayos literarios y estudios etnológicos. En 1977 fue galardonada con un premio literario. Sus investigaciones científicas enfocan los cultos afrocubanos. Email:

Mária Dornbach is ethnologist, literary translator and lecturer at the Department of Hispanic Studies at the University of Szeged, Hungary. She holds a PhD and she is an academic candidate in ethnological sciences (CSc). Since 1977, when she was awatded a literary prize, she has published several translations, literary essays and ethnological studies. Her current scientific research focuses mostly on Afro-Cuban cults. Email:

Abstract

The New Phase of Transculturation in the Afro-Cuban Santería

The Cuban constitutional reform of 1992, despite its contradictory phrasing, indicated the single-party state’s definite opening-up towards religions, including the Afro-Cuban syncretic cults. This was the first time that these cults appeared among the religions of Cuba. Getting out from the isolation caused by various decades of illegality, these cults faced an enormous tranformation. Two main directions appeared in the course of transculturation: on one hand, the process of institutionalization, supported in the background by the single-party state, gained strength; on the other hand, the demand of the religious communities for returning to the African roots has increased considerably.


 

La santería afrocubana, como producto de un largo proceso transculturativo – igual a los cultos sincréticos no institucionalizados y fiel al carácter de la transculturación, que es un proceso dinámico sin un final definitivo – también en nuestros días está en fase de cambios. Estas transformaciones no son independientes de la situación político-social actual del país. Para enfocar las nuevas tendencias características de este culto, tenemos que retroceder en el tiempo y destacar algunos puntos cardinales de la vida económica y política de Cuba de los años 90 que provocaron cambios fundamentales en la vida de las religiones en el país.

El período especial fue una etapa de profunda crisis económica que se inició en 1990 tras el colapso de la Unión Soviética y del bloque socialista de Europa Oriental. El declive alcanzó su punto más bajo en 1992-93, cuando las consecuencias desastrosas de la disolución del sistema socialista europeo oriental se reflejaron evidentemente en la economía cubana: el PIB (producto interno bruto) se redujo un 25%. Esta situación exigía una reacción urgente y radical por parte del Gobierno cubano.

Pero la reacción por parte del pueblo tampoco faltó: se creció considerablemente el interés por las religiones en general, entre ellas los cultos afrocubanos de carácter mágico. Los órganos oficiales ya no podían seguir con su intento de mantenerlos al nivel del Conjunto Folklórico, como una reminiscencia folklorizada del pasado. Abrir las válvulas para bajar la presión del vapor, es una técnica general del poder en situaciones de crisis. El Estado cubano también revaloró su relación con la iglesia católica, la mayor en el país, separando – al menos verbalmente – el Estado y la Iglesia, y por primera vez en su historia, declaró que Cuba era un Estado laico. El cambio de esta opinión relacionada con las religiones se refleja bien claro en la reforma aprobada en 2002 de la Constitución modificada en 1992, que no deja de apoyarse en “el ideario de José Martí y las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin”, pero el Artículo 8 reafirma la libertad religiosa manifestada en la Constitución de 1976 al declarar que “las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración”. El Artículo 53 precisa que “se reconoce a los ciudadanos la libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista.” Más adelante, el Artículo 55 expone más abiertamente el carácter relativo de esta apertura ideológica al afirmar que “cada ciudadano (tiene la libertad) de cambiar de creencias religiosas o no tener ninguna, y profesar, dentro del respeto a la ley, el culto religioso de su preferencia. La ley regula las relaciones del Estado con las instituciones religiosas.” Más abajo, el Artículo 62 reafirma lo expuesto con más vigor y énfasis: “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible” (Constitución 1976). Se trata, entonces, de una libertad relativa y restrictiva. El camino que llevó hasta la visita del papa Juan Pablo II en 1998 resultó bastante largo.

La posible intervención del Estado en asuntos de la libertad religiosa igualmente está asegurada por el Código Penal aprobado en 1987, de donde no falta la famosa “Ley N˚ 62/87”, cuyo Artículo 206 establece el novedoso delito del “abuso de la libertad de cultos”. Este delito se establece por oponer la convicción religiosa a los objetivos de la Revolución y los de la educación. El delito conlleva una sanción de privación de libertad de 3 meses a un año. Asimismo el Artículo 208 castiga con pena de 3 meses a un año toda asociación ilícita. Cualquier asociación resulta ilícita si no dispone de un permiso previo expedido por las autoridades estatales.

Las religiones, por lo tanto, son toleradas circunstancialmente, según los intereses y la voluntad del Estado, gracias a la apertura y al cambio de actitud estatal referentes a la tolerancia con las religiones.

El Estado tampoco se olvida de precisar cuáles son las religiones oficialmente reconocidas. El Minrex (Ministerio de Relaciones Exteriores) en el Capítulo 9 de su reglamento, hace una declaración relacionada con “las garantías legales de los derechos civiles y políticos”, afirmando que: “Otras religiones de importancia en el país, además de la religión católica y las distintas iglesias protestantes y evangélicas, son las de origen africano, el espiritismo y el judaísmo, además de la organización religiosa Testigos de Jehová. Todas ellas disponen de templos y casas-culto para la realización de sus actividades, que se desarrollan regularmente sin ningún impedimento…” (véase el reglamento en la página web de Minrex). Con esta afirmación se terminó la oficial fase moribunda de los cultos afrocubanos: pues éstos entraron en una etapa legal al ser considerados religiones iguales a las grandes religiones históricas institucionalizadas, dejando de ser uno de los elementos especiales, decorativos del folklor nacional o una manifestación de la religiosidad popular, que es un término etnológico.

El comportamiento de la aduana cubana al dejar pasar libremente requisitos del culto se comprende como una señal evidente de la tolerancia por parte del Estado con las religiones afrocubanas, motivada por las complejas razones arriba mencionadas. A fines de los años 80 se tenía que contrabandear al introducir y sacar tales objetos ceremoniales, arriesgándose a que fueran confiscados. En 2011, en situación semejante, el aduanero al ver la colección de orishas que viajaban conmigo, sencillamente me preguntó: “¿Tú eres religiosa? Está bien. ¡Ashé!”

La visita de Fidel Castro a Juan Pablo II en el Vaticano, efectuada en noviembre de 1996, fue una verdadera noticia clamorosa, el primer acontecimiento sensacional del acercamiento entre el Estado cubano y la iglesia católica. Un año más tarde, durante los preparativos de la visita del papa, La Habana tomó varias medidas simbólicas: en 1997, el 25 de diciembre fue declarado de nuevo día festivo, prohibido en 1969; el cardenal Ortega, por primera vez después del triunfo de la revolución, celebró una misa en una plaza pública; las procesiones religiosas fueron autorizadas. El papa Juan Pablo II realizó su visita oficial del 21 al 25 de enero de 1998. La siguieron ciertas medidas contradictorias del gobierno comunista: en 2003 Fidel Castro inauguró el primer convento reabierto después de la Revolución, pero al mismo tiempo, fueron encarcelados 75 activistas de la oposición, para quienes el papa pidió clemencia.

El Gobierno también se muestra más comprensivo con otras religiones: el Minrex, en su página oficial, publica la visita de otros destacados dirigentes religiosos, entre ellos la del sacerdote mayor nigeriano, el Oni Ilé Ifé, el dirigente espiritual de todos los yoruba del mundo.

Raúl Castro, después de que Fidel le estaba transfiriendo el poder desde 2006, recibió al representante más prestigioso del Vaticano, al cardenal Bertone, en ocasión del décimo aniversario de la visita del papa. El cubano José Olallo Valdés fue beatificado en 2008 en Camagüey, Raúl asistió a la ceremonia. En 2010, después de las consultas entre Raúl y el cardenal Ortega, 130 presos políticos, entre ellos 52 de los 75 encarcelados en 2003, fueron puestos en libertad. En este mismo año partió la procesión anual de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona católica de Cuba; Raúl también estuvo presente en la partida. El 23 de diciembre de 2011, en ocasión de la futura visita del papa Benedicto XVI, 3000 presos políticos ganaron la libertad. El papa aterrizó en el aeropuerto internacional José Martí el 26 de marzo de 2012, pasó una noche en la ermita de la Caridad del Cobre, cuyo retrato encontrado en 1612 fue consagrado por el papa Benedicto XV.

La misma iglesia católica, el arzobispado de La Habana reconoce que sólo el 10% de la población cubana es católica, mientras que el 80% es creyente de algún culto afrocubano. Benedicto XVI llegó como peregrino a Cuba y habló de la necesidad de la reevangelización de la isla. Se encontró con los dirigentes de las religiones oficiales del país, menos los representantes de los babalawos, los sacerdotes mayores de la santería. Los babalawos expresaron su decepción en una declaración pública. El papa Juan Pablo II procedió de la misma manera en 1998, más aún, criticaba la comparación de la iglesia católica con los cultos sincréticos. Según el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, la santería no dispone de una dirección institucional, por lo tanto, en sentido tradicional ni siquiera puede considerarse una religión, y eso significa que en el canon de la iglesia católica los cultos sincréticos afrocubanos siguen manteniéndose en la categoría de la religiosidad popular. Pero, al mismo tiempo, por parte del Estado ya se nota cierta indulgencia con ellos.

Durante toda esta temporada, tampoco los fieles de la santería se mantuvieron inactivos. Ya en 1976 surgió un grupo de babalawos y santeros mayores que buscaban la posibilidad de unirse a las comunidades religiosas aisladas. Su intención era, sin declararlo abiertamente, alguna forma de unificación del ritual y del culto. Ellos descubrieron muy claramente que, durante los más o menos 15 años de clandestinidad de la religión, por ignorancia y por olvido, había surgido una diversidad extraordinaria en la práctica religiosa que podía abrir numerosas vías a la transculturación, poniendo en peligro la creación de la integridad de la santería. El olvido de los textos yoruba y de los procedimientos rituales empezó a acelerarse después de los años 60. Por ejemplo, en 1973 un santero me explicó que no se debía matar con cuchillo a la gallina, igual que a otros 4 animales (gramaticalmente) femeninos (la jutía, la paloma, la guinea, la codorniz). Le pregunté por la causa, y me respondió: “Porque me lo enseñaron así.” Exactamente 15 años más tarde, este mismo santero, en alguna ceremonia dirigida por él, sacrificó con cuchillo la gallina y, al preguntarle por qué lo hacía, la respuesta fue muy simple: “Ya se puede ofrendarla también de esta forma.” Entretanto, yo estaba recogiendo mitos que sancionaban y describían los actos rituales y, de repente, otro santero me contó el mito referente a la forma correcta, tradicional de ofrendar a estos animales que, naturalmente, ya se sumergió en el olvido en esta comunidad.

La unión de este grupo de santeros mayores arriba mencionado se hizo constante y el 17 de diciembre de 1991 fue admitida oficialmente como Organización No Gubernamental. El 6 de enero de 1992, el antiguo Día de Reyes, día de los carnavales antes del triunfo de la Revolución, fundaron la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, en cuya inauguración también se representó el Partido Comunista de Cuba (PCC) y el Gobierno. La Asociación se jerarquizó copiando la estructura de las instituciones políticas, estatales: está encabezada por el presidente, junto con el vicepresidente y la Junta Directiva. El segundo presidente de la misma fue Antonio Castañeda Márquez, cargo desempeñado por él hasta su reciente fallecimiento en 2014. Castañeda organizó el Primer Congreso Yoruba, que fue seguido por otros cuatro más en 1994, 1998, 2000 y 2003, respectivamente. El de 2003 fue un Congreso Internacional, donde se reunieron sacerdotes y creyentes de la santería de diversos continentes. Quizás este fue el primer evento internacional de gran importancia que trató de exhibir este culto afrocubano como una religión mundial.

La Asociación recibió del Estado un pequeño palacio en el Paseo del Prado, que fue renovado con el apoyo financiero de fieles cubanos y residentes en Miami. En el edificio están instalados un museo de la santería, una tienda de requisitos del culto, una sala de conferencias, biblioteca, cafetería, restaurante con comidas africanas y cubanas, entre ellas espaguetis y pizzas, que no son comidas ni africanas, ni cubanas, pero platos bien populares en Cuba. Los oba y babalawos cubanos deben/deberían asociarse, los incorporan a la lista oficial de la Asociación.

El fortalecimiento de la apertura oficial del Estado y el PCC hacia las religiones del país, así como la situación privilegiada de la Asociación se refleja en la participación del personal religioso en los órganos de representación popular a su más alto nivel. Tres pastores evangélicos (un presbiteriano, un bautista, un episcopal) son miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular, igual así como el Presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, Antonio Castañeda, quien hasta su muerte era miembro de la misma (página web de La Religión en Cuba en Minrex).

La Asociación declara que su objetivo principal es la unificación, la integración del culto y de los fieles. Organiza diferentes programas, conferencias y toques de tambor; los santeros tienen la posibilidad de consultar con sacerdotes mayores sobre asuntos del culto. Con su actividad e influjo, la Asociación juega un papel muy importante en la institucionalización de la santería. En su autodenominación usa el título de Institución Religiosa. Pero, por otro lado, se ha convertido en sede de la comercialización oficial de esta religión: cobra una cuota mensual por la membresía, cobra por la visita del museo, cobra por las entradas a los programas (conferencias, seminarios), cobra derecho de los sacerdotes miembros por realizar rituales para extranjeros. En este caso, el oba o el babalawo tienen que anunciarlo en la Asociación, llevar consigo a la persona y registrarla como miembro asociado y pagar por la membresía 56.- c.u.c. El ahijado extranjero debe hospedarse en la casa de su padrino; y le cambian la visa de turista por visa de religión, pues al contrario, si alguien los denuncia, el inspector de la Asociación les cobra una multa de mil c.u.c. y le quitan al padrino los animales y los objetos de santo. No se puede negar la actividad lucrativa de la Asociación, pues está en contacto con agencias turísticas que organizan visitas de grupos, se anuncia hasta en las guías más famosas como Lonely Planet y Fodor’s Guide. Al mismo tiempo, la propia Asociación reprocha a algunos religiosos por abusar y comercializar la religión, que por dinero efectúan iniciaciones en tres días, hasta en ausencia del ahijado, realizan ofrendas de sangre en público, asustando así a los protectores de animales, aplicando métodos ajenos a la santería, etc.

En los últimos años, fuera de su actividad nacional, la Asociación se ha internacionalizado: se han creado, además de las filiales interiores en las grandes ciudades cubanas (¡menos Santiago de Cuba!), 60 filiales en diferentes países del mundo, entre ellos en Puerto Rico, los Estados Unidos (varias ciudades), Canadá, México, Uruguay, Argentina, Venezuela, República Dominicana, Perú, Brasil, Colombia (en dos ciudades), Panamá, España (en ocho ciudades), Suiza, Suecia, Alemania, Italia, Francia y también en el Japón, que copian la misma estructura jerarquizada de presidente, secretario y tesorero.

Su compromiso político se manifiesta evidentemente en sus llamamientos no religiosos sobre asuntos políticos, como por ejemplo, en los últimos años la “Carta a Obama por el cese de la guerra y la liberación de los 5”, divulgada en la página web de la Asociación. O una noticia del periódico Tribuna de La Habana del 12 de noviembre de 2008, que informa sobre un encuentro amistoso realizado en la sede de la Asociación entre la Dirección y 40 miembros de la misma y Sáez Montejo, miembro del Buró Político, primer secretario del partido en La Habana y Caridad Diego, directora de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central. El encuentro se efectuó en un ambiente amistoso, discutiendo temas actuales, como por ejemplo, los huracanes que amenazaban al país. Los dirigentes políticos siempre son bienvenidos en la sede de la Asociación, no pasa ni un año sin una visita oficial que se desarrolle en un ambiente cordial y amistoso.

En su intención de crear la unión del culto afrocubano, la Asociación comete el error de interpretar inadecuadamente términos científicos. Pues, en un artículo publicado en 2005 en su Boletín digitalizado, llama la atención a que el término de la cultura yoruba no debe limitarse sólo a los pueblo de África, sino también debe abarcarse a sus descendientes americanos, atribuyéndole a la santería cubana un carácter étnico que, a consecuencia de la mezcla de razas y etnias de diferente origen, ya hace siglos no existe. Hoy día ya no es el origen étnico de un creyente lo que determina su preferencia relativa a su práctica religiosa. ¿O acaso los santeros blancos también pueden considerarse descendientes del pueblo yoruba de África?

La propia Asociación, cuyo objetivo declarado es purificar el culto de errores y declinaciones en la práctica ritual, con su apertura al mundo es apta para admitir nuevos elementos. Este mismo órgano que se considera una institución oficial de la santería, que sirve a la divulgación de los conocimientos tradicionales a seguir, reivindicando el derecho de fijar y determinar las formas del culto únicamente válidas, protagoniza la aceleración de la transculturación de la santería. Pues en su página web (2005) presenta a un “santo” nuevo dentro del panteón de los orishas, al tal San Fancón (San Fan Con) descrito como “un chino en la corte de Olofi”, o „camino de Shangó en la lejana China” quien, según la Institución, se incorporó en el panteón yoruba de Cuba debido a la integración de los chinos al etnos cubano, hace 150 años. Entre los chinos, Chan Fan Kong es venerado como un espíritu viajero, cuyo color es el rojo y porta espada, por lo que dispone de los mismos requisitos que hace siglos sirvieron de base para la identificación de Santa Bárbara y la deidad yoruba. El espíritu chino se convirtió en su nueva patria y San Fancón llegó a ser el santo patrón de los chinos cubanos. Resulta interesante, de todas formas, que de esta lista de las deidades de origen yoruba falten Inle, Dadá y Naná Burukú, orishas conocidos y venerados por todas las comunidades religiosas y, al mismo tiempo, aparezca otro desconocido, a quien no rinden rito. San Fancón surge por primera vez en esta forma sincrética en 2005, en el artículo escrito por Juan Mesa en Afrocuba Anthology (Juan Mesa es M.Sc. en Antropología, especialista de la Dirección Internacional de la Casa de las Américas), donde el propio autor afirma que “San Fancón es una entidad religiosa bastante conocida, aunque no siempre reconocida como tal dentro del complejo religioso Ocha-Ifá de Cuba” (Mesa 1).

La mentalidad comercial determina no sólo la actividad de la Asociación cubana, sino la de las comunidades que están presentes en las diferentes ciudades del mundo entero, reflejando claramente el cambio, la transculturación de esta religión. Pero, a pesar de la comercialización del culto, y citando las palabras del etnólogo húngaro Lajos Boglár, junto a “la cultura de día”, practicada para los forenses, todavía existe “la cultura de noche”, practicada para los creyentes. Las dos formas, naturalmente, están en constante interacción.

La Letra del Año, tradicionalmente sacada el 30 de diciembre de cada año, es otro punto de enfrentamiento y lucha de prestigio entre los diferentes grupos de babalawos y sacerdotes mayores de la santería. La Asociación también intenta encabezar esta ceremonia, hasta hoy sin resultado. En su declaración referente al tema, responsabiliza por su fracaso a los que no están dispuestos a aceptar el papel exclusivo de la Asociación para determinar los criterios únicamente correctos y aceptables del culto al decir que “Nuestra Institución ha estado luchando desde hace muchos años por la unidad de todos los practicantes de la Regla de Osha e Ifá del Mundo en los aspectos más importantes y generales, donde la Letra del Año tiene un papel fundamental. En cuanto a este último aspecto, hemos tratado de unificar a todos los religiosos sin lograr hasta el presente un resultado final. Esto es debido a que los patrones de cada practicante en ocasiones se vuelven absolutistas y es posible que no se hayan pensado en que, al rechazar la unificación y no tomar una decisión positiva, no se hayan tomado en cuenta las dificultades que ocasionan, y no sólo atañen a una persona, a un grupo institucional o familiar, sino que se daña una religión que nos fue legada por nuestros antepasados y forma parte del patrimonio que debemos respetar y preservar seriamente” (página web de la Asociación).

Otro grupo cubano para sacar la Letra es la Comisión Organizadora Letra del Año de 10 de Octubre, actualmente dirigida por Lázaro Cuesta, que representa a otros cuantos babalawos y es una de las más destacadas y respetadas en divulgar los signos anuales. Esta agrupación se creó hace 28 años bajo la dirección del babalawo Miguel Febles Padrón y es una de las más prestigiosas entre los creyentes de la santería que compite con la Asociación. Su sede está en la casa-templo de la Avenida 10 de Octubre, en La Víbora, La Habana, y pronto se asociará a los babalawos africanos para fundar un templo de Ifá. En esta Casa es el babalawo más joven quien saca la letra e interpreta su significado, a diferencia de la Asociación donde el babalawo mayor de edad es el encargado de ello. La preferencia que tiene la persona más joven, según informantes, asegura que se trate de una persona todavía libre de prejuicios que podrían influir su interpretación por diferentes motivos no adecuados a las normas religiosas. Los odún divulgados por estas dos agrupaciones ni siquiera por casualidad coinciden, y menos todavía los sacados en otras comunidades de diferentes países. Cada cual, naturalmente, considera su versión como la única legítima, reprochando al otro grupo una mala interpretación por ignorancia. Este hecho, de todas formas, significa una pérdida de prestigio de la Asociación. Hay otra diferencia significante que es signo del privilegio estatal del que goza la Asociación: el signo suyo se publica no sólo en los órganos de la Institución, sino también en el periódico digital estatal “cubadebate”, mientras el odún de la casa 10 de Octubre se publica en páginas Web religiosas, tanto en Cuba como internacionalmente.

Pero la discrepancia más llamativa se esconde en el contenido de las profecías. En la Letra del Año de 2015, como todos los años anteriores, sacada por la Asociación encontramos advertencias relativas a la familia, la salud, el clima y el medioambiente. Mientras en los mensajes de la Casa 10 de Octubre, junto a las advertencias familiares y de salud, como siempre, ahora también encontramos significantes profecías de carácter político-social: por ejemplo, conflictos entre naciones que pueden crear situaciones bélicas, pérdida de líderes religiosos y políticos, desequilibrios ecológicos, lucha generacional y sus fatales consecuencias (página web de la Letra del Año 2015).

Los santeros que se enfrentan a la Asociación se agrupan en otras Casa-Templos (muchos pertenecen, por ejemplo, a la Casa-Templo llamada Cuna). Varios babalawos y santeros mayores, aunque por temor sean miembros de la Asociación, acusan de corrupción a los dirigentes de esta Institución, cuestionan la autenticidad de la misma al opinar que ésta es una organización títere, controlada y manipulada por órganos estatales, que quiere apropiarse de la religión y hace turismo religioso. Entre los que expresan críticas hay sacerdotes de Ifá que conscientemente tratan de renovar, purificar el culto, regresando a los orígenes africanos. Estudian sistemáticamente el idioma yorubá para corregir y entender los textos rituales transformados a lo largo de los siglos, cuando esta lengua dejó de ser el medio de comunicación cotidiano reduciéndose al nivel de los ritos y sufriendo grandes trasformaciones y pérdidas. Este grupo de babalawos jóvenes, entre ellos intelectuales licenciados, mantienen igualmente relaciones vivas con algunos Awo Ifá africanos y se dejan asesorar por destacadas personalidades religiosas de Nigeria que promueven el culto de Ifá no sólo en África, sino también en el resto del mundo. Hay un intercambio vivo de conocimientos religiosos entre ellos, pues la santería cubana ha mantenido muchos elementos rituales ya olvidados en África debido a la expansión de la religión musulmana y a una transculturación diferente a la cubana. Actualmente, están preparando la fundación de un templo de Ifá en La Habana, bajo la dirección de babalawos cubanos y extranjeros. La ambición de la institucionalización resulta cada vez más consciente e intensa, lo que, al mismo tiempo, lleva consigo la expansión de la religión.

El único templo de Ifá, hasta el presente, llamado Ilé Tuntun Cuba, funciona en Santiago de Cuba, bajo la dirección del babalawo cubano Frank Cabrera Suárez Ogbe Ose, que mantiene relaciones estrechas con babalawos de Nigeria de Oyó, entre otros, con Taiwo Abimbola, hijo de Wande Abimbola. Este templo parece el mayor competidor de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, y lo será igualmente de las nuevas agrupaciones que están formándose, por su organización internacional, sus filiales en el extranjero, su portal web profesional y su Ifá Magazine, una revista digital que se viene redactando desde 2009, por el apoyo material que recibe de miembros de muchos países, entre ellos Lebanon y la India, además de los países americanos y europeos involucrados en la difusión de la santería. Ilé Tuntun Cuba se declara la organización que “custodia de la cultura y la religión yorùba” en el mundo entero. Naturalmente, esta asociación tampoco es libre de la comercialización de la religión. A cambio de cierta retribución, se encarga de cumplir diferentes pedidos religiosos: envío por correo electrónico de las advertencias de los dioses comunicadas a través de la adivinicación personal, el llamado Odú del cliente que, según la información, llegará directamente desde África; después de realizar los rituales correspondientes, otorga diferentes títulos de Ifá, etc. Según parece, en esta organización también se exige exclusividad en asuntos religiosos, su motivación es igualmente conseguir un enorme provecho financiero y el prestigio. Pero su actividad, sin duda alguna, sugiere la intención de religiosos mayores de institucionalizar la santería (Ilé Tuntun en la página de AfroCubaWeb).

Además de esta aspiración de la institucionalización del culto, también ha surgido otra tendencia a la transculturación: la de la reclamación de las raíces africanas, la reivindicación de lo tradicional, la lucha contra los difamadores y aventureros religiosos que pretenden beneficiarse con las religiones afrocubanas. En los últimos 15-20 años, varios investigadores, etnólogos, entre ellos Miguel Barnet, Martínez Furé y Natalia Bolívar, se han dedicado a purificar el culto manteniendo relaciones de trabajo con reconocidos babalawos africanos, como el profesor Wande Abimbola. El resultado de su investigación científica también contribuye a la práctica consciente de los cultos y ayuda a recuperar los elementos tradicionales del ritual. Pero en nuestros días ya está de moda entre los sacerdotes de la santería viajar a Nigeria e iniciarse en el culto allí u obtener algún rango, diploma religioso. Naturalmente, no resulta sorprendente que el business haya aparecido también en este ámbito, pues en Cuba el extranjero blanco es considerado el cajero automático, en Nigeria es el cubano a quien le toca este papel, y muchas veces se descubre que algún babalawo nigeriano ambulante no es más que un estafador astuto.

Los creyentes de los cultos sincréticos, como lo han hecho durante siglos, siguen agrupándose alrededor de padrinos, responsables por el desenvolvimiento de sus ahijados, formando así grupos nucleares que mantienen relaciones permanentes unos con otros. La liberación de la actividad religiosa ha implicado una cierta aceleración de la transculturación, pues los grupos antes separados siguen intercambiando usos del ritual, y a veces rivalizan entre sí difamando la práctica ajena a la suya. Pero con la mayor apertura se acepta con facilidad nuevos elementos. Por ejemplo, se ha creado una nueva moda de la vestimenta ritual del iyawo: en vez de las sencillas ropas blancas antes usadas por la escasez de utensilios, cuando lo más importante era el color ritual, el blanco y la sencillez del corte que reflejaba más fielmente las tradiciones africanas del culto, hoy en día la mayoría de los iyawos femeninos se pone un vestido y pañuelo de encaje blanco, usa un chal blanco de tela fina y no falta en su mano el paragua blanco que antes no se veía. (En mi presentación al tambor de 2011, vestida con mi antigua ropa de la iniciación de 1987, me sentía una mendiga en comparación con la vestimenta lujosa hoy utilizada por las santeras.)

El turismo aparece en el culto no sólo en ámbito oficial, sino también en el individual. Florece la turist-santería, por dinero se consigue todo, según la demanda del cliente. Muchos extranjeros – sobre todo procedentes de Venezuela, Estados Unidos, Europa – llegan para hacer santo en Cuba. Una de las estafas más frecuentes a los forasteros ignorantes es que en las ceremonias organizadas para ellos y pagadas por ellos también participan otras personas, resolviendo así gratuitamente sus necesidades religiosas con el dinero del extranjero. Una informante me contó que su sobrina jinetera llevaba a sus clientes a santeros jineteros que realizaban las ceremonias incorrectamente por un dineral. Hay casos cuando la ceremonia se efectúa según las normas, pero eso tiene también su explicación: por ejemplo, su sobrina embarcó a un italiano para recibir el idé de Orula, el santero “contratado” lo hizo por 10 mil euros para que el hijo de su tía recibiera gratuitamente su idé al mismo tiempo. En La Habana Vieja, en cada esquina aparecen viejas negras enmascaradas de santeras vestidas con trajes coloniales, con adornos decorativos y consultan igual con dilogún como con barajas gitanas o cartas Tarot o leen la mano. Otros santeros organizan cualquier ceremonia para los extranjeros. Florece “la cultura de día”, para los no conocedores, pero todavía existe “la de noche” para los creyentes. La comercialización ya ha afectado esta última y hay casas donde la forma incorrecta del ritual ya se ha arraigado.

La gente, a pesar de que generalmente en casa no tiene acceso a Internet, goza de cierta visión al mundo, pero al cesar este encerramiento digital relativo habrá una explosión, una revolución transculturativa en los cultos afrocubanos. Ya no se podrá privar a los creyentes de que se informen libremente de las costumbres religiosas internacionales y africanas. Quizás no haya que esperar mucho para que se haga realidad la situación visionada por mí en 1986 de que las hijas de Oshun bailarán en visón acompañadas por guitarras, balalaicas y orquestas sinfónicas y los orishas deberían conformarse con sangre sintética enlatada en vez de la sangre de chivo y carnero. Las permanentes transformaciones del culto no dejan de ofrecer nuevos temas a los investigadores, pues cada cultura es un fenómeno dinámico. La transculturación tampoco puede considerarse un proceso acabado. No hay nada más elocuente para caracterizar su dinamismo fundamental que las palabras siempre válidas y actuales de Fernando Ortiz:

Lo característico de Cuba es que, siendo ajiaco, su pueblo no es un guiso hecho, sino una constante cocedura. Desde que amanece su historia hasta las horas que van corriendo, siempre en la olla de Cuba es un renovado entrar de raíces, frutos y carnes exógenas, un incesante borbor de heterogéneas sustancias. De ahí que su composición cambie y la cubanidad tenga sabor y consistencia distintos según sea catado en lo profundo o en la panza de la olla o en su boca, donde las viandas aún están crudas y burbujea el caldo claro. (Ortiz 6-7)

 

Fuentes citadas